Pedro Cano (1649-1692)
Un jesuita de Bienservida (Albacete) en Filipinas


Tomás Martínez Inclán
25/01/2026


Orígenes de Pedro Cano
El largo viaje a Filipinas
      ¿Cómo era el viaje desde España a Filipinas en 1670?
      El viaje de Pedro Cano a Filipinas
Pedro Cano en Filipinas
      Pedro Cano, procurador de la Compañía de Jesús
      Conflicto con el Arzobispo Felipe Pardo
      Cuarto voto en 1688
      Carta de 1690
Fallecimiento en 1692
Bibliografía

      Pedro Cano fue un jesuita contemporáneo de Ginés Cano, del que hace unos días publicábamos una biografía y que, como él, ingresó en la Compañía de Jesús y dedicó su vida a las misiones a finales del siglo XVII. Pedro Cano nació en Bienservida (Albacete) en 1649. Desarrolló su labor como sacerdote en Filipinas a partir de 1671. Falleció a bordo de un navío cuando regresaba a España y Roma como Procurador General de la Orden por la Provincia de Filipinas en 1692. De su vida, hemos podido recopilar algunos datos con los que hemos confeccionado estas notas biográficas.

Orígenes de Pedro Cano

      Pedro Cano nació a mediados del siglo XVII en Bienservida (Albacete). En un documento del siglo XVIII se recoge como fecha de nacimiento de Pedro Cano el día 22 de febrero de 1649 (Ver Murillo Velarde, fol. 369), aunque existen algunas dudas sobre esta fecha ya que en la documentación conservada en el Archivo de Indias se dice que en 1670 tenía unos 23, incluso 25 años. Una vez más, la pérdida de los registros parroquiales de San Bartolomé de Bienservida impide aclarar este dato, pero debe tenerse en cuenta que en aquella época la edad no era algo que las gentes llanas conociesen con precisión.

      No sabemos nada de sus primeros años, pero bien pudiera ser que su formación se iniciase en el recién fundado colegio jesuita de Alcaraz (1647), dónde tal vez coincidiese con otro bienservideño, Ginés Cano, que fue misionero jesuita en Paraguay (ver Ginés (Pablo) Cano, un sacerdote de Bienservida en las misiones jesuitas de la provincia del Paraguay del siglo XVII ). Sea como fuere, más tarde se instaló en Murcia para realizar sus estudios de teología en el Colegio Jesuita de San Esteban, de donde partió cuando inició su viaje a Filipinas en 1670.

El largo viaje a Filipinas
¿Cómo era el viaje desde España a Filipinas en 1670?

      El viaje a Filipinas era un viaje largo, peligroso y que llevaba al límite la resistencia física a los viajeros. Combinaba rutas marítimas a través de dos océanos con otra por tierra que cruzaba lo que hoy es México:

  • Sevilla – Cádiz – Veracruz. Por lo general, una o dos veces al año se organizaban las llamadas Flotas de Nueva España, compuestas por grupos de navíos que navegaban juntos para protegerse del ataque de potencias extranjeras o de piratas. Esta etapa del viaje podía durar dos o tres meses, a veces más.

  • Veracruz – Ciudad de México – Acapulco. Se atravesaba el actual México en carretas y caballerías durante mes y medio o dos meses recorriendo unos 800 kilómetros.

  • Acapulco – Manila. Una vez al año, el llamado Galeón de Manila realizaba esta ruta que cruzaba el Océano Pacífico a lo largo de cuatro o cinco meses, partiendo del puerto de Acapulco y navegando siempre hacia el Oeste por latitudes de unos 10° o 15° hasta llegar a las islas Marianas y desde éstas a Manila. Normalmente ese mismo galeón realizaba el viaje de vuelta – el llamado tornaviaje – por la ruta marítima que descubrió Andrés de Urdaneta: se partía de Filipinas con rumbo nordeste hacia Japón y a partir de allí, navegando hacia el Este siempre en latitudes entre 30° y 39°, se llegaba a la costa de California; a partir de allí, bordeando la costa oeste de América se navegaba hasta el puerto de Acapulco.

      Los viajes por mar se hacían en unas condiciones muy duras: mala alimentación (con alimentos en mal estado y escasez de agua), hacinamiento, enfermedades como el escorbuto, parásitos (pulgas, piojos, chinches…), hambre y factores climáticos adversos (tormentas en el Atlántico y calmas y tormentas en el Pacífico…). No era más fácil el viaje por tierra a través de Nueva España, puesto que los viajeros tenían que afrontar múltiples amenazas: animales salvajes, bandidos, enfermedades, clima extremo…

      El viaje podía prolongarse durante un año o más, a veces hasta dos, pues a los tiempos empleados en cada ruta hay que añadir los de espera hasta que las flotas partían de los puertos, lo que además de los preparativos del viaje dependía también de las condiciones del clima y de los naufragios o daños en los navíos que las recorrían. Todo ello, suponiendo que el viajero no enfermase durante el viaje y su recuperación alargase la duración del mismo.

El viaje de Pedro Cano a Filipinas

      En 1670 Andrés de Ledesma, un jesuita natural de Yeste (Albacete) que por entonces era Procurador General de la Compañía de Jesús en la Provincia de Filipinas, estaba en España organizando un viaje a Filipinas para llevar un grupo de religiosos que contribuyesen a la evangelización de aquellas lejanas tierras, para lo que había obtenido licencia de Juan de Rivadeneyra, Procurador General de la Provincia de las Indias de la Compañía de Jesús. En mayo de 1670 Andrés de Ledesma andaba por Madrid reuniendo en el Colegio Imperial un contingente de jesuitas que se trasladarían con él a Filipinas; uno de ellos era Pedro Cano.

      Andrés de Ledesma había solicitado que la reina regente le autorizara el paso a Filipinas de 50 religiosos jesuitas a expensas de las reales arcas, por la necesidad que había de “obreros del Santo Evangelio especialmente por las nuevas conversiones de nuevas islas y reinos de infieles”, por ejemplo en las Islas de los Ladrones -poco después llamadas Marianas en honor de Mariana de Austria- que se estaban evangelizando entonces.

      Por Real Cédula de 5 de junio de 1669, por cuenta del permiso que se había concedido en 1664 a Luis Pimentel, se aprobaba el traslado de 34 religiosos y 4 legos a Filipinas y el pago de la Real Hacienda de 1.172.536 maravedíes de vellón. Por la cédula de 1664 (de 18 de febrero), ya se había ordenado la entrega a cada religioso de lo necesario para el viaje: vestuario, un colchón una almohada y una frazada (manta) para el mar y autorizado el pago de lo que costase llevar sus libros y vestuario desde sus colegios y casas a Sevilla y luego a Sanlúcar de Barrameda o a Cádiz, en total los 1.172.536 maravedíes de vellón que los jueces oficiales de la Casa de la Contratación de Sevilla debían entregar a Andrés de Ledesma, más 10 ducados más por el viaje por Nueva España, y 7 reales por religioso y día calculando 8 leguas por día, más 2 reales más por sustento hasta embarcar.

      Se ordenaba que los religiosos fueran bien acomodados en los navíos, con una cámara por cada cuatro o seis de ellos.

      También se ordenaba que a costa de la Real Hacienda se pagase el viaje de Veracruz, puerto al que arribaba la flota de Nueva España, hasta la Ciudad de México, incluyendo sustento, cabalgaduras y porte de sus vestuarios y libros. Si alguno de los religiosos estaba enfermo, permanecería en el puerto de San Juan de Ulúa (Veracruz) hasta su curación.

      Igualmente se ordenaba a los oficiales reales de la Ciudad de México que se pagase el viaje desde esa ciudad al puerto de Acapulco (sustento, cabalgaduras y porte de sus vestuarios y libros), así como que se pagase sustento y matalotaje (comida en la embarcación) hasta Filipinas, flete del viaje de los religiosos y traslado de vestuario y libros a Filipinas.

Viaje de Pedro Cano a Filipinas (1670-1671)
Viaje de Pedro Cano a Filipinas (1670-1671)
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      Por último, se ordenaba a los oficiales reales de Filipinas que, a su llegada, se pagase al maestre o al dueño del navío el traslado de los religiosos.

      Ya en Sevilla, Andrés de Ledesma acudió a la Casa de Contratación pero no recibió cantidad alguna, ya que no se disponía de dinero para el pago de pasajes de religiosos a las Indias, aun cuando el fiscal y contador de la Casa de la Contratación informaba de la conveniencia de pagar esa gasto: “no hay efectos de donde suplir promptamente este gasto siendo preçiso que estos religiosos se embarquen en la flota de Nª España por S. Juº de junio que viene para que puedan emplearse en tan Sto. Ministerio como es la Reducion y enseñanza de los indios por medio de la predicación del Sto. Evangelio”. Por ello, solicitó a S.M. que las cantidades se libraran de la Caja Real de México, lo que finalmente así se ordenó en Madrid el 19 de mayo de 1670.

      Ya vimos en la biografía de Ginés Cano que el interés de la monarquía española no era sólo evangelizar aquellas remotas tierras, sino también aumentar el número de súbditos que dependían de ella, lo que directamente se traducía en ingresos en las arcas reales a través de impuestos.

      Por auto del 6 de junio de 1670 (Archivo General de Indias, en lo sucesivo AGI, Contratación, 5437, N.1, R.12), Juan de Rivadeneyra concedió licencia a Andrés de Ledesma para viajar a Filipinas con otros 17 religiosos de la Compañía de Jesús, aunque finalmente sólo viajaron 13. En consecuencia, se ordenó se ajustase la cuenta para que los oficiales de la Real Hacienda de México pagasen a Andrés de Ledesma por “aviamiento, viático y entretenimiento”. La parte proporcional para esos 13 religiosos supuso 454.729 Maravedíes de Vellón, incluyendo el viático de 1.115 leguas desde los colegios en España hasta México y entretenimiento (manutención) para 300 días.

      Por esas fechas, el 13 de junio de 1670, Pedro Cano ingresó en la Compañía de Jesús.

      El 26 de junio de 1670 comparecieron en Sevilla los 13 religiosos que iban a viajar a Filipinas ante el Semanero Don Francisco de Alberro, juez oficial de la Real Audiencia de la Casa de Contratación y en esa comparecencia se reseña lo siguiente:

      El Hermano Pedro Cano, teólogo natural de Bienservida, Arzobispado de Toledo, de veinte y tres años poco más o menos. Buen cuerpo blanco. Pelo negro.

Pedro Cano. Archivo General de Indias, Contratación, 5437, N.1, R.12
Pedro Cano. Archivo General de Indias, Contratación, 5437, N.1, R.12
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      En estas comparecencias se hacía un registro personal de los componentes de la expedición, donde se recogía una breve descripción física de los viajeros, mencionando especialmente aquellos rasgos diferenciadores que permitiesen comprobar la identidad de cada viajero en el lugar de destino, ya que en aquella época no existía ningún documento que la acreditase.

      En cuanto a las dudas que se nos planteaban sobre la edad de Pedro Cano, otro de los documentos del expediente donde se relacionan los componentes de la expedición, de 6 de junio de 1670, dice lo siguiente:

      11.- Pedro Cano, theologo natural del Arçobispado de Toledo, de 25 años.

      El semanero Francisco de Alberro también ordenó en este expediente que se entregaran al maestre del navío en que viajaban los jesuitas a Nueva España, Pedro de Aguayo, 49 ducados de plata por cada religioso (20 por el flete, 16 por una quinta parte de una cámara y 13 más por media tonelada de carga de libros por religioso, excepto Andrés de Ledesma, que no llevaba libros).

      Pedro Cano viajó a Veracruz en la flota de José Centeno Ordóñez, en el navío Nuestra Señora del Rosario y San Antonio, uno de los 20 de la flota de ese año, de 290 Tm de carga. El Maestre del navío era el Capitán Pedro de Aguayo. Las flotas que viajaban a Nueva España partían por San Juan (24 de junio) y esta concretamente salió el 10 de julio de 1670 del Puerto de Bonanza junto a Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) en la margen izquierda del estuario del Guadalquivir, llegando a Veracruz el 28 de septiembre. (AGI, Contratación, 1217, N.2).

      Una vez llegados a Veracruz, al puerto de San Juan de Ulúa, los viajeros a Filipinas continuaban por tierra hasta la Ciudad de México con toda su carga y desde allí pasaban al puerto de Acapulco, donde esperaban hasta la salida del Galeón que anualmente hacía un viaje de ida y vuelta a Filipinas, el llamado Galeón de Manila.

      El Galeón de Manila en que viaja Pedro Cano, nombrado Nuestra Señora del Socorro, salió de Acapulco el 18 de marzo de 1671 y llegó a Filipinas, al puerto de Palapa, a mediados de julio de 1671, donde se quedó reparándose, pues había llegado bastante deteriorado por el mal tiempo sufrido en el viaje de ida a Acapulco desde Filipinas.

      Por tanto, Pedro Cano tardó más de un año en llegar a Filipinas. (AGI, México, 47, R.2, N.22).

Galeón de Manila. (Ver MURILLO VELARDE, p. 1, Mapa de las islas Filipinas, 1749)
Galeón de Manila. (Ver MURILLO VELARDE, p. 1, Mapa de las islas Filipinas, 1749)

Pedro Cano en Filipinas

      Filipinas no era un territorio rico. El elemento fundamental de la economía de este archipiélago era el Galeón de Manila, que una vez al año hacía un viaje de ida y vuelta a Acapulco, llevando seda china, porcelana y especias a Nueva España y llevando a Manila en el viaje de vuelta plata mexicana para financiar la presencia española allí.

      Manila era una ciudad fortificada pequeña pero similar a cualquier ciudad europea, en la que vivían las autoridades, religiosos, comerciantes y militares españoles, junto con criollos (de origen español pero nacidos en Filipinas) e indígenas filipinos. Las principales construcciones dentro de la muralla, además de la Fortaleza de Santiago, eran una catedral, colegios, conventos, la residencia del gobernador y otras casas de piedra. Fuera de la muralla y también en el resto de Filipinas había barrios indígenas donde vivían chinos, tagalos y otros pueblos asiáticos que habitaban casas de madera o bambú y vivían de la agricultura, la pesca o el comercio, aunque se trataba de actividades prácticamente de subsistencia.

Vista de la Plaza de San Francisco en Manila (S.XVIII), Fernando Brambila, Museo Naval, Madrid
Vista de la Plaza de San Francisco en Manila (S.XVIII), Fernando Brambila, Museo Naval, Madrid
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      Por tanto, Pedro Cano encontró a su llegada una tierra con grandes carestías y unos habitantes muy pobres. Basta examinar un resumen de la carga que transportaba consigo la expedición para hacerse una idea (AGI, Filipinas,82,N.12 (1670) y AGI, Contratación, 1217,N.2 (1670)).

      Andrés de Ledesma había solicitado permiso a la corona para llevar consigo cajones de libros (para que los libros se pudiesen transportar era necesario que la Inquisición comprobase que no eran “de los prohibidos”), papel, relicarios, rosarios, medallas, cruces de Caravaca, ornamentos para decir misa, reliquias, ropa blanca, paños diversos, anteojos, 12 arrobas de aceite, 150 de vino, un reloj y algunos remedios de la época como “dos cajones de tierra de Malta contra las culebras ponçoñosas” (un tipo de arcilla arenosa de la Isla de Malta que contiene fósiles de dientes de tiburón y que se relacionaba con San Pablo, quien tras naufragar en la isla de Malta fue mordido por una víbora, pero no sufrió ningún daño gracias a esa roca que cubría las paredes de la gruta en la que vivía) y “una libra de triaca en un vaso de plomo” (un preparado con una mezcla de una gran variedad de ingredientes como opio, ajo, pimienta, hasta carne de víbora, que se utilizaba como fármaco para todo tipo de enfermedades desde la antigüedad).

Marca con que se identificaban los cajones con las mercancías de Andrés de Ledesma
Marca con que se identificaban los cajones con las mercancías de Andrés de Ledesma
en el navío 'Nuestra Señora del Rosario y San Antonio'.
Archivos estatales (PARES). AGI/ Contratación,1217,N.2 (1670).


      También pedía que no se le cobrasen derechos “por ser cosas de devoçion” y “cosas que no ay en Filipinas y ser precisamente necesarias para la celebrazion del culto divino”.

      Pero además, aquella lejana tierra era un lugar peligroso para los misioneros. Esta situación es conocida por distintos documentos, como la carta que el Virrey y Gobernador de Nueva España, Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera dirige en 1671 a la reina regente, trasladando las peticiones que ha recibido del Gobernador de Filipinas(AGI, México, 46, N.19). En ella se dice que misioneros de la Compañía de Jesús estaban evangelizando las Islas de los Ladrones –más tarde Islas Marianas- y creando reducciones desde 1668. Dada la hostilidad de algunos indígenas, pedía protección de los jesuitas con soldados armados. A esta petición se respondió con el mandato por real cédula de 6 de junio de 1671 del envío de los hombres armados que resultasen necesarios. Finalmente, el 20 de diciembre se acordó que el siguiente Galeón de Manila dejara a su paso por aquellas islas 18 hombres armados para protección de los jesuitas, con la condición de que los religiosos no se dividieran y permanecieran siempre juntos y dispuestos para defenderse.

Pedro Cano, procurador de la Compañía de Jesús

      Pedro Cano alcanzó puestos relevantes en Filipinas; sabemos que fue Procurador de la Compañía de Jesús del Colegio de Manila y de la Provincia de Filipinas, lo que significa que gestionaba asuntos administrativos y estaba designado para representar a la provincia jesuita ante instancias superiores.

Conflicto con el Arzobispo Felipe Pardo

      El dominico Felipe Pardo fue nombrado Arzobispo de Manila en 1681. Desde su nombramiento Felipe Pardo atacó particularmente a los jesuitas, basándose para ello en la ley XXXIII del libro I, Titulo XVI de la Recopilación de las Leyes de Indias que decía “donde los hubiere agustinos, no haya franciscos, ni religiosos de la Compañía donde hubiere dominicos”. Además, durante su mandato tuvo un fuerte enfrentamiento con el Gobernador y Capitán General de las Islas Filipinas, Juan de Vargas, derivado de la pugna por establecer los límites entre la autoridad religiosa y la civil. El Gobernador se opuso a las grandes competencias jurisdiccionales de la Iglesia, interpretando que el arzobispo se extralimitaba haciendo frente al poder del rey. Inicialmente, la Real Audiencia de Manila intervino deportando al arzobispo en 1683, pero en 1684 el sucesor de Juan de Vargas anuló esta decisión y Juan de Vargas fue excomulgado y recluido temporalmente. Por lo que se desprende de la documentación, Pedro Cano tomó parte en este serio conflicto poniéndose de parte del poder civil.

      El primer enfrentamiento que hemos encontrado entre el Arzobispo Felipe Pardo y Pedro Cano surgió en ese momento, cuando el Padre Cano fue acusado de revocar un mandato del Arzobispo por el que prohibía bautizar o confesar a los chinos sin estar previamente catequizados y aprobados por los Reverendos Padres Ministros del Parian y Binondoc. (BERART, fols. 30b y 60b).

      En estas circunstancias, a principios de septiembre de 1686 los agustinos piden al arzobispo la administración religiosa de la población de Jesús de la Peña, conocida en Filipinas como Mariquina (a unos 15 kilómetros de Manila). El 12 de octubre de 1686 el arzobispo publica un auto por el que prohibía a los miembros de la Compañía de Jesús ejercer su ministerio en la estancia de Mariquina, al tiempo que la entregaba a los agustinos. La Compañía de Jesús había dirigido este lugar desde 1633.

      El 4 de marzo de 1687, el arzobispo envía al notario del arzobispado a investigar si los jesuitas seguían ejerciendo como sacerdotes, lo que en efecto hacían, desobedeciendo el auto del arzobispo y basándose para ello en una bula del papa Pio V y en la asignación de esa parroquia por orden real.

      El Domingo de Pasión (el anterior al de Ramos), el 16 de marzo de 1687, el arzobispo envió a unos hombres armados encabezados por el notario a la misa de Mariquina, ordenando a los indígenas que repitiesen todos los sacramentos recibidos desde el 12 de octubre anterior, bajo pena de azotes y galeras si no lo hacían, pues los administrados por los jesuitas no eran válidos.

      El 17 de mayo el arzobispo envió otro mensajero para que informase que los párrocos legítimos de Mariquina eran los agustinos e insistiendo en que los sacramentos administrados por los jesuitas a partir del 12 de octubre de 1686 carecían de fuerza.

      El 8 de junio, Felipe Pardo celebró una consulta con la Real Audiencia solicitando ayuda para arrestar y castigar a Pedro Cano y a Diego de Ayala, otro sacerdote jesuita. (BLAIR, pp 97-104).

      En este momento, el Padre Pedro Cano fue denunciado en el Tribunal del Arzobispo, acusándole de defender ante muchos testigos que el arzobispo no era pastor y juez ordinario y que todas estas decisiones eran nulas ya que la autoridad correspondía al Cabildo. Sin embargo, los hechos contradecían los testimonios anteriores. En el pleito se dice que el Padre Cano era “un religioso docto y muy aplicado al estudio” y lo denunciado no parecía propio de él. Otra prueba del sometimiento a la jurisdicción del arzobispo fue cuando, habiendo sido nombrado capellán de una armada, Pedro Cano le visitó para presentarle el nombramiento. En el pleito acaba reconociéndose que “no es equidad ni rectitud el que valgan menos las obras propias que los dichos ajenos”. (Concepción, 95).

      También arrebató el arzobispo a los jesuitas la administración de la aldea de Cainta, a unos 7 kms. de Mariquina. Esto tenía su origen en que, por la rectitud del párroco, éste impidió que los jefes indígenas utilizasen en su beneficio personal los bienes de la comunidad. Estos jefes indígenas, aprovechando el enfrentamiento del arzobispo con los jesuitas, se quejaron al arzobispo de los sacerdotes de la aldea y éste, sin consultar a la Compañía, la desposeyó de esa administración y la entregó a los agustinos el 13 de marzo de 1688.

      En esta ocasión, el arzobispo exigió ayuda al gobernador para detener a Pedro Cano y Diego de Ayala. La bibliografía califica esta solicitud de “denuncias frívolas o falsas, sin haber formulado cargos específicos contra ellos ni haber notificado a sus superiores”.

      El fallecimiento del arzobispo, el 31 de diciembre de 1689, debió suponer el fin de las dificultades de Pedro Cano en su enfrentamiento con la jerarquía católica.

Mapa de las Islas Filipinas, 1749  (Ver MURILLO VELARDE, p. 1).
Mapa de las Islas Filipinas, 1749 (Ver MURILLO VELARDE, p. 1).
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Cuarto voto en 1688

      El 15 de agosto de 1688 Pedro Cano hizo la llamada profesión solemne. Para los jesuitas, “hacer la profesión” consistía en emitir los votos solemnes definitivos dentro de la Compañía de Jesús, lo que significaba su incorporación plena y definitiva a la orden. La profesión solemne incluía los tres votos religiosos tradicionales de pobreza, castidad y obediencia. En la Compañía de Jesús existía un cuarto voto de obediencia al Papa en materia de misiones, que en la práctica suponía la disponibilidad total para ser enviado a cualquier lugar donde el Papa lo considerase necesario. Esta profesión se hacía después de muchos años de formación, ordenación sacerdotal, trabajo apostólico, etc. ya que suponía un compromiso definitivo con la Orden.

Carta de 1690

      Se conserva una carta atribuida a Pedro Cano, fechada el 26 de mayo de 1690 en Manila, en la que narra los acontecimientos de la muerte del arzobispo Felipe Pardo en Manila y describe cómo fue encontrado su cadáver. De esta carta podemos deducir que Pedro Cano estaba en Manila en 1690 y que entonces debía haber adquirido cierta relevancia en la Orden, en la que tenía tareas documentales en la vida religiosa de las islas.

Fallecimiento en1692

      Una vez designado como Procurador General por la Provincia de Filipinas fue enviado a Madrid y Roma en 1692. Los jesuitas enviaban a algunos de sus miembros a Europa como procuradores para gestionar asuntos oficiales de la Orden con la corona española o con la curia romana.

      Partió hacia España desde el puerto de Cavite a finales de junio de 1692 en el galeón Santo Cristo de Burgos. Aunque el navío llegó a remontar las Islas Marianas después de demasiados días de navegación, el 7 de noviembre, estando situados a 31 grados, desarboló del palo mayor trinquete y mesana, dos de los principales palos del galeón, perdiendo también vergas, masteleros, jarcia y aparejos de forma que el barco quedó seriamente dañado y resultaba imposible reanudar el viaje. Como el tiempo no mejoraba, el 13 de noviembre recompusieron unas bandolas (un armazón provisional que permitía navegar) pero aunque intentaron continuar el viaje hacia Nueva España, los vientos eran desfavorables y decidieron volver a las Islas Marianas. El 25 de noviembre siguieron su viaje hacia Filipinas, pero se tuvieron por perdidos hasta que días después avistaron la bahía de Naga (Nueva Cáceres), hoy una ciudad al sureste de Luzón, en Filipinas. El 18 de diciembre pidieron permiso para desembarcar y ese mismo día anotaron en el diario el fallecimiento en el barco de Pedro Cano. En la documentación conservada en el Archivo General de Indias se conserva una copia del diario del barco que recoge el hecho con una escueta frase: “El Padre Pedro Cano murió oy” (AGI,Filipinas,16, R.1, N.2 (1696)).

Ruinas de una vivienda jesuítica en Yapeyú (https://commons.wikimedia.org)
Anotación del fallecimiento de Pedro Cano a bordo del navío Santo Cristo de Burgos
estando en la Bahía de Naga (Filipinas). Archivos estatales (PARES).
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      En cualquier caso, probablemente Pedro Cano nunca habría regresado a Europa. El Santo Cristo de Burgos permaneció fondeado en la Bahía de Naga hasta que, una vez reparado, partió de nuevo el 1 de julio de 1693 hacia Acapulco, con menos tripulación de la que era habitual y con una carga de porcelana china y cera de abeja. El navío nunca llegó a Acapulco y parece que naufragó frente a las costas de Oregón en el oeste norteamericano, ya que a mediados del siglo XIX, cuando los primeros europeos llegaron a aquellas tierras, oyeron de los nativos historias de cómo hacía mucho tiempo un barco había naufragado, cómo parte de su tripulación había llegado a tierra y cómo los temporales trajeron a las costas durante mucho tiempo maderas, restos de porcelana y cera de abeja. Ya en el siglo XXI la arqueología ha confirmado este relato de los nativos norteamericanos y se cree con bastante certeza que estos restos pertenecen al navío Santo Cristo de Burgos y su carga.

Bibliografía

BAUTISTA Y LUGO, Gibrán. Movilidad indiana en la corte de Madrid durante el siglo XVII: mercedes de hábito, “patria común” y entramados clientelares. Magallánica. Revista de Historia Moderna, vol. 9, núm. 17 (2022): 268-301. [https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=9191201] (Consulta 10-1-2026)

BERART, Raimundo. Relacion con insercion de autos sobre todo lo que a passado para restituir a su silla al illustrissimo señor maestro D. Fr. Phelippe Pardo arzobispo metropolitano de Manila del consejo de su Magestad. &c. y de las demas consequencias, segun consta en este iuzgado ecclesiastico: mandad referir por dicho illustrissimo señor a fin de poderse imprimir, y remitir, por quanto segun el corto tiempo es impossible hacer los tantos necessarios para remitir a la Europa a los tribunales, que quiere su señoria illustrísima. Manila : Gaspar de los Reyes impressor de libros, 1685. [https://archive.org/details/relacionconinser00unkn]

BLAIR, Emma Helen; ROBERTSON, James Alexander; BOURNE, Edward Gaylord. The Philippine Islands, 1493-1898: Explorations by Early Navigators, Descriptions of the Islands and Their Peoples, Their History and Records of the Catholic Missions, as Related in Contemporaneous Books and Manuscripts, Showing the Political, Economic, Commercial and Religious Conditions of Those Islands from Their Earliest Relations with European Nations to the Beginning of the Nineteenth Century. Volume XXXIX (1683–1690), 1973.

CONCEPCIÓN, Fr. Juan de la. Historia general de Philipinas: conquistas espirituales y temporales de estos españoles dominios, establecimientos, progresos y decadencias. Vol. VIII. Manila: Conv. de Ntra. Sra. de Loreto del Pueblo de Sampalo, por el Hermano Balthasar Mariano, 1790. [https://archive.org/details/historiagenerald00juan_9]

DE LA ROSA, Alexandre Coello. A tumba abierta: el arzobispo Felipe Pardo y la Compañía de Jesús (1677-1689). En Anales del Museo de América. Subdirección General de Documentación y Publicaciones del Ministerio de Cultura y Deporte, 2019. p. 279-302.

DESCALZO YUSTE, Eduardo. La Compañía de Jesús en Filipinas (1581-1768): realidad y representación. Universitat Autònoma de Barcelona, 2015. (Tesis doctoral)

FEJER, J. Defuncti secundi saeculi Societatis Iesu, 1641-1740. Volumen I (A-C). IHSI, Roma, 1986.

MURILLO VELARDE, Pedro. Historia de la provincia de Philipinas de la Compañia de Jesus: segunda parte, que comprehende los progresos de esta provincia desde el año de 1616 hasta el de 1716. En la Imprenta de la Compañia de Jesus, por D. Nicolas de la Cruz Bagay, 1749.

www.todoavante.es. Web sobre historia Naval de España.

      Flota de Nueva España:
            https://www.todoavante.es/index.php?title=Categor%C3%ADa:Flota_de_Nueva_Espa%C3%B1a

      Galeón de Manila:
            https://www.todoavante.es/index.php?title=Categor%C3%ADa:Gale%C3%B3n_de_Manila

Archivo General de Indias (AGI):

FILIPINAS,82,N.9. (1669). Petición del jesuita Andrés de Ledesma de 50 religiosos para Filipinas.

CONTRATACION,5437,N.1,R.70 (1670). Relaciones de pasajeros de los galeones al cargo de José Centeno Ordóñez, general de la flota despachada a Nueva España en 1670.

CONTRATACION,5437,N.1,R.12 (1670). Expediente de información y licencia de pasajero a Indias de Andrés de Ledesma, padre jesuita, procurador general de la misión, natural de Murcia, a Filipinas, con 12 religiosos de su orden.

FILIPINAS,3,N.13 (1670). Consulta del Consejo de Indias proponiendo librar en las cajas reales de México a Andrés de Ledesma lo que se le mando dar en Sevilla para aviamiento de los jesuitas que lleva a Filipinas.

FILIPINAS,82,N.12 (1670). Memorial de Andrés de Ledesma, procurador general de la Compañía de Jesús de Filipinas, pidiendo licencia para llevar ciertas cosas para los religiosos de aquellas islas, sin que se le cobren derechos.

CONTRATACION,1217,N.2 (1670). Registro de ida del navío 'Nuestra Señora del Rosario y San Antonio'.

FILIPINAS,82,N.17 (1671). Expediente sobre pase de jesuitas extranjeros a Filipinas.

MEXICO,45,N.77 (1671). Carta del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera.

MEXICO,46,N.19 (1672). Carta del virrey, marqués de Mancera.

FILIPINAS,26,R.4,N.18 (1695). Carta de la Audiencia de Manila sobre el galeón Santo Cristo de Burgos.

FILIPINAS,16,R.1,N.2 (1696). Carta de Fausto Cruzat sobre arribada del Santo Cristo de Burgos.





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